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Breve historia del vino en Extremadura
 

El primer documento de referencia histórica que se puede encontrar sobre el vino en Extremadura es el mosaico de Augusta Emérita, del siglo III, hallado en la Casa del Anfiteatro. En él se puede contemplar en su parte central tres personas pisando uva entre zarcillos de vid.
 
Durante el Imperio Romano, el cultivo de la vid y la producción de vino consiguen un desarrollo importante. A Roma llegaban vinos de todas las provincias del Imperio, y en Roma se comienzan a formar los primeros profesionales enólogos y catadores. No es de extrañar por tanto, que en Augusta Emérita, sus alrededores y zonas de influencia se desarrollase el cultivo de manera importante.
 
En la Edad Media, existían ya ciertas disposiciones para regular la plantación de viñas, protección, cercado, época de recolección, transformación del vino y venta. Las viñas se extendían alrededor de los monasterios y se fueron alargando hasta cubrir los terrenos de las cuencas del Duero y del alto Ebro, creciendo a lo largo del Camino de Santiago donde surgen vinos de la ribera del Duero, Lerma, Falencia, el Bierzo y más al norte los viñedos de la cuenca del Sil. También en los campos de Castilla a orillas del Eresma.
 
En Extremadura el cultivo de la viña se centra principalmente en las comarcas de La Serena y Tierra de Barros, situadas en la frontera morisca de aquella época.
 
Seguramente los vinos extremeños fueron los primeros en llegar al Nuevo Mundo, vinos vigorosos y populares que llegaron a ser los preferidos de Carlos V. Los de mayor fama llegan a ser el de Guadalcanal y el hoy olvidado cacereño de Descargamaría, en la Sierra de Gata.
 
Las zonas de tierra de Barros y La Serena siguen ganando importancia y expandiéndose. Existe buena producción en Almendralejo, Villafranca de los Barros, Solana de los Barros o Torremejía.
 
En La Serena, Villanueva de La Serena y Don Benito, aunque también cabría destacar con justicia a Montánchez y Cilleros.
 
En Olivenza, a modo doméstico, se elaboraban vinos de pitarra, de la manera más artesanal posible, pues los racimos se estrujaban con las manos uno a uno.
 
Documentos encontrados en el Monasterio de Guadalupe, describen incluso una extensa catalogación de vinos realizados allí: vino tinto de los frailes, vino tinto para raciones, vino claro, vino blanco de comunidad, vino de compaña y vinagre.
 
La expansión del viñedo extremeño es relativamente importante desde Principios del siglo XVI y parece que mantuvo una tendencia alcista hasta mediados del siglo XVII; un proceso que se vio favorecido por el aumento de la demanda y consiguientemente del precio del vino.
 
A comienzos del s. XIX los viñedos de Badajoz y su provincia poseían ya cierta fama de ser buenos caldos a nivel nacional, sobretodo los Tierra de Barros y principalmente los vinos blancos de Almendralejo. También poseían cierta fama los vinos blancos velados de la Comarca de La Serena, Villanueva y Don Benito así como Alburquerque. Estas zonas fueron perdiendo importancia vitícola desde esta época y de donde prácticamente desapareció el cultivo de la vid a lo largo del siglo XX, siendo sustituido por otros cultivos.
 
En cambio no eran muy importantes los vinos de la zona de Cáceres, únicamente algunos de la zona de Montánchez o la Vera, vinos peculiares con un intenso aroma de almendras.
 
A comienzos del siglo XX el viñedo se desarrolla con importancia en Extremadura, fundamentalmente en la comarca de Tierra de Barros, dando lugar a una zona vitivinícola de primer orden en el panorama español, llegando a 47.450 hectáreas de cultivo, acompañadas de una red de bodegas, en la actualidad modernizadas acorde a los principios de la enología moderna.
 
El sector en los años 60 y 70 ha estado destinado en gran medida a la producción a granel en muchas zonas de Extremadura. Venta al por mayor y alcoholes sostenían una industria y comercio que estaba destinada a actualizarse o morir.
 
En los últimos años, el esfuerzo inversor del sector ha sido gigantesco, se han sustituido los sistemas de prensado, instalado frío para el control de la fermentación, y construyéndose nuevas, modernas y preparadas bodegas para el envejecimiento. En la década de los 80 tiene lugar una revolución importante en este sector. Desaparecen pequeñas bodegas y se reagrupan viticultores y elaboradores en grandes bodegas y sociedades agrarias y cooperativas. Comienza una etapa en que se empieza a embotellar vino y a comercializarlo dentro y fuera de España. La calidad va poco a poco sustituyendo a la cantidad.
 
Los productos extremeños, van logrando nuevas denominaciones de origen, en justo reconocimiento a su calidad.
 
En el caso concreto del vino, sector donde ha siempre ha existido una larga tradición en Extremadura, el camino ha sido largo pero al final se ha logrado alcanzar la meta.
 
Extremadura lleva muchos años peleando por el reconocimiento de la calidad de sus viñedos y vinos. Así, aparece por primera vez la Denominación de Origen Extremadura en el Estatuto del Vino del año 1932 (elevado a ley el 26 de mayo de 1933). donde leemos en su Cap.4 art.34: "Quedan protegidas como denominaciones de origen, por reunir las condiciones que exige el art.31, los siguientes nombres geográficos: Rioja, Jerez o Sherry, ... Extremadura, ..."
 
En su momento los sindicatos y asociaciones de viticultores establecidos en la región no solicitaron al Ministerio de Agricultura, Industria y Comercio la designación del Consejo Regulador de la D.O. (órgano constituido por representantes de los sectores vitícola y vinícola, responsable del control y defensa de viñas y vinos), de ahí la no constitución y aprobación de los Reglamentos.
 
En 1979, cuando ya está vigente el estatuto de la Viña, del Vino y de los Alcoholes, son los vinos de la comarca vitivinícola Tierra de Barros, los que tienen el reconocimiento de Denominación de Origen.
 
Se dijo sí a su solicitud, pero el reconocimiento definitivo de la D.O., la aprobación del Reglamento y la constitución del Consejo Regulador, quedaban subordinados a que el índice de comercialización de productos calificados como vinos de calidad y embotellados en bodegas de origen, alcanzara un nivel mínimo del 10% del volumen de la producción, para satisfacer el principio de difusión y prestigio del nombre geográfico. Así pues, nunca se reconoció definitiva la D.O. TIERRA DE BARROS.
 
En 1986, España ingresa en la CEE y tiene que adaptar su legislación a la reglamentación comunitaria. El Reglamento (CEE) 355/79 en su art. Segundo, apartado 3.i) establece como facultativa la mención "Vino de la Tierra" para aquellos vinos de mesa originarios de España que cumplan unas determinadas reglas que debía establecer el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación.
 
Así, el 11 de diciembre de 1986 se publica en el B.O.E. n2 306 la Orden por la que se establecen las reglas de utilización de nombre geográfico y de la mención "Vino de la Tierra" en la designación de los vinos de mesa.
 
Esta Orden tiene una única disposición adicional que faculta a las Comunidades Autónomas para que en el ejercicio de sus competencias introdujeran las modificaciones oportunas.
 
La Consejería de Agricultura y Comercio de la Junta de Extremadura, en virtud de esa facultad estableció las comarcas vinícolas, Montanchez, Cañamero, Ribera Alta del Guadiana, Tierra de Barros, Ribera Baja del Guadiana y Matanegra con sus correspondientes municipios, acogidas a la mención de "Vino de la Tierra".
 
Y queriendo ir más lejos en la diferenciación y defensa de los Vinos de la Tierra, fruto de la inquietud de una serie de entidades representativas del sector vitinícola extremeño se constituye la Comisión Interprofesional "Vino de la Tierra" Extremadura, que para poder llevar a cabo las funciones de defensa y control establecen un Reglamento que aprueba la Consejería de Agricultura y Comercio en la Orden de 12 de diciembre de 1990. Desde entonces hasta nuestros días han luchado para que esta mención "Vino de la Tierra" Extremadura fuera también un símbolo de calidad y prestigio para nuestros vinos.
 
El 5 de agosto de 1996 se reconocía la D.O. Ribera del Guadiana, se nombraba el Consejo Regulador que se ha encargado de elaborar un censo de viticultores y bodegas y de redactar el Reglamento por el que han de regirse éstos.
 
El 17 de marzo de 1997 se aprueba el Reglamento y la ratificación del MAPA se produce el 16 de abril de 1999.